Historia de los perros de terapia

Durante la Segunda Guerra Mundial, en virtud de las operaciones de combate contra las fuerzas japonesas en la isla de Nueva Guinea, el cabo William Wynne entró en posesión de una joven Yorkshire Terrier abandonada en el campo de batalla y la llamó Smoky.


Smoky acompañó a Wynne en numerosas misiones de combate, brindando comodidad y entretenimiento a las tropas e incluso ayudándolos a poner en funcionamiento un cable telegráfico a través de una tubería subterránea, completando en cuestión de minutos lo que podría haber sido un trabajo de construcción peligroso de tres días, exponiéndose a los bombarderos enemigos.

mascotaterapiaEl servicio como un perro de terapia comenzó cuando el cabo Wynne fue hospitalizado por una enfermedad de la selva. Cuando Wynne se recuperó, los amigos del Ejército llevaron a Smoky al hospital para que animara al soldado y para sorpresa de todos, la perra se convirtió inmediatamente en una compañía exitosa para los otros soldados heridos. El oficial al mando permitió que Smoky visitara a los heridos durante las rondas y que durmiera junto a su dueño en el hospital por cinco noches. El trabajo de Smoky como perro de terapia continuó por 12 años, durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

El establecimiento de un enfoque sistemático para el uso de perros de terapia se atribuye a Elaine Smith, una estadounidense que trabajaba como enfermera en Inglaterra. Smith notó cómo los pacientes respondían bien a las visitas de cierto capellán y su compañero canino, un Golden Retriever. Al regresar a los Estados Unidos en 1976, Smith comenzó un programa para entrenar perros que pudieran visitar las instituciones. A través de los años otros profesionales de la salud han notado el efecto terapéutico de la compañía animal, como aliviar el estrés, bajar la presión arterial, animar el espíritu, así como ayudar a los niños con trastornos del habla y emocionales.
En 1982, Nancy Stanley fundó una organización sin fines de lucro que introdujo la terapia animal para los niños con discapacidades severas y los hospitales de convalecencia para personas mayores. Ella tuvo la idea mientras trabajaba en el zoológico de Los Ángeles, donde se dio cuenta de cómo los visitantes discapacitados respondían con entusiasmo ante los animales. Partiendo de sus experiencias, investigó los efectos beneficiosos que los animales pueden tener sobre los pacientes y poco después, comenzó a involucrar a su mascota caniche, Freeway, en el Centro de Desarrollo Revere para los discapacitados severos, siendo ese el paso inicial de un intenso trabajo para ampliar el concepto que hoy conocemos como “terapia asistida con animales”.